Garcia-Alix_Autorretratos_7París, EFE / La última propuesta del fotógrafo Alberto García-Alix, «Horizonte falso», se apodera de la parisiense Maison Europenne de la Photographie (MEP) en una exposición que, desde hoy y hasta el próximo 25 de enero, profundiza en las obsesiones estéticas y narrativas del creador leonés.

Naturaleza muerta, paisajes suburbanos y retratos y autorretratos de impronta onírica conforman un imaginario siempre «autorreferencial» que, de nuevo, traslada al fotógrafo (León, 1956) a París, una ciudad con la que reconoce mantener un «‘affaire’ sentimental».

«Viví aquí tres años y medio; recuerdo pasar ante la MEP y pensar sobre lo mucho que me gustaría exponer aquí algún día», relata a Efe tras describir esta oportunidad como un «gran placer» que le devuelve al origen de una obra, la suya, «que se empezó a conocer en París».

Fue el director de la MEP, Jean-Luc Monterosso, quien, fascinado por la retrospectiva en torno a la obra del fotógrafo en el Museo Reina Sofía de Madrid, en 2008, decidió apostar por alojar su trabajo más reciente.

Comisariada por Nicolás Combarro, la muestra concentra el último proyecto de García-Alix, «Horizonte falso», un «relato visual» fruto de año y medio de «trabajo agotador» y consagrado a explorar la erótica ambigüedad de las imágenes.

«Un discurso sobre los límites entre ficción y realidad, la ambigüedad de la fotografía«, resume Combarro, antes de recorrer los ejes de una exposición que nace de una reflexión sobre el medio para flirtear con el retrato o la iconografía de la moto.

Cronista de los márgenes, lo cierto es que García-Alix forjó su carrera retratando las subterráneas orillas del universo motero.

«El primer carrete que tiré en mi vida fueron fotos de motos -confiesa- y hace un año volví a la moto buscando una metáfora, su atmósfera, un poco más de circo, un juego».

A ese juego se suma una pieza visual de 20 minutos concebida a modo de «monólogo sobre la fotografía» y que recurre a las palabras para «desarrollar el discurso de las imágenes expuestas».

Se trata de buscar «ese horizonte falso», de pensar «cómo reverbera dentro de mi cabeza y cómo se muestra», reflexiona el fotógrafo, quien admite que «escribir es lo que más me cuesta».

Y las imágenes, entretanto, rastrean seres y espacios desplazados bajo una «luz perdida, atormentada», que cuestiona el horizonte de la representación -«intangible, falso»- para diluirlo, recita el propio García-Alix en el vídeo, tras «la mirada de mi pensamiento».

Una mirada que se reivindica analógica, puesto que «siempre» ha trabajado así, y «nunca en digital», ya que prefiere -«ha educado mis ojos»- la precisión del método tradicional.

«Tengo una relación vital con el analógico, necesito ese tiempo que hay entre hacer la foto y revelar el carrete», estima en un elogio de esa espera que le permite «soñar» lo que vio.

A cierta espera se dirige, por el momento, el futuro próximo de un García-Alix, al que le gustaría «estar más tranquilo».

«Nunca he sabido dónde voy. Yo me muevo, imagino que el trabajo continuará mientras exista el analógico, y tenga una cámara», reflexiona antes de confesar cierto hastío: «Cada vez estoy más cansado».

Por Carlos Abascal Peiró