Los restos en blanco y negro de la euforia de los años de Mario Conde

los restos en blanco y negro mario condeEl País / 1992 parecía un año en que todo un mundo estaba por construir. España vivía la borrachera de la celebración de la Exposición Universal de Sevilla y de los Juegos Olímpicos de Barcelona y de la eclosión de edificios. Mientras tanto, Berlín iba subsanando sus fracturas, tras la caída en 1989 del muro que separaba la antigua República Federal de Alemania de la Democrática. Barcelona y Berlín, pero también Madrid y Nueva York son algunos de los paisajes urbanos que capturó el fotógrafo Manolo Laguillo (Madrid 1953) y que ahora se exhiben en una exposición que se concibe como zoom en la galería madrileña Casa sin fin hasta el 7 de septiembre. Todas las fotos pertenecen a ese año triunfal que ahora, desde el presente, cobra un nuevo significado. Se ancla una idea: la razón en el crecimiento de la ciudad crea sus monstruos. Como las mismas consecuencias del capitalismo salvaje que dominó el cierre del siglo XX y que aún bate sus garras. En Calle de dirección única (1992), título de la exposición, “se habla de los tiempos de Mario Conde, versión ibérica del ‘American psycho’ de Bret Easton Ellis”, dice su descripción. Mientras tanto, la retrospectiva Razón y ciudad en el Museo ICO de la capital recorre la trayectoria de este documentador de las metrópolis desde los años setenta hasta la actualidad.

El ojo de Manolo Laguillo mira los cambios que experimentan las ciudades a lo largo de los años para descubrir la fealdad de las ruinas, de promesas que no han cimentado. Series que crean ideas a través de las imágenes. No en vano, Laguillo bebe del arte conceptual y de La nueva topografía, que nace a partir de la exposición de 1975 que le dio nombre: The New Topographics Photographs of a Man Altered Landscape con los fotógrafos estadounidenses Robert Adams y Stephen Shore y el dúo de artistas alemanes Bernd y Hilla Becher. La principal característica era la atención a los procesos urbanos. También planteaban ya entonces la destrucción y explotación de los entornos naturales.

Blanco y negro, y una miríada de grises y de sombras por medio. El galerista Julián Rodríguez destaca tanto la ausencia de contrastes radicales como el tamaño de las fotografías que permiten al espectador permanecer dentro de su encuadre. Laguillo ha sido el autor de El sistema de zonas: control del tono fotográfico (1988) que analiza precisamente el control del tono y el contraste fotográfico. Las fotos que se presentan mantienen el tamaño de la placa en la que se trabajó, sin ampliaciones. Son de 20×30. “Así se impone una cercanía y es perfecto para los detalles”, cuenta Rodríguez. Raramente aparecen figuras humanas. Si las hay, añade, son obreros o paseantes, los flâneurs de Walter Benjamin sobre el cual versó la tesis doctoral de Laguillo.

Manolo Laguillo desea contar historias a través de sus series de fotografías, creadas día tras día en visitas a los espacios urbanos. “Las fotografías de Laguillo hablan de política y no solo de arquitectura y expresan una realidad congelada, que podría ser de los años 30”, explica Rodríguez.

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