Luis Miguel Ramos Blanco. Socio de honor de FOCUS /El sábado pasado día 20 de diciembre de 2014, los socios de FOCUS celebramos en el Restaurante Real Colegiata de S. Isidoro, la cena anual. El lugar ya es un clásico desde hace varios años, debido a la aceptación que ha tenido en los anteriores encuentros.

En esta ocasión, además, había un motivo especial en el que estábamos implicados la totalidad -me atrevo a decirlo públicamente- de la Asociación. Me estoy refiriendo al nombramiento de Luis Fernando Canal Fernández, como Socio de Honor de FOCUS.

Las circunstancias especiales que concurren en este nombramiento, se explican de manera rotunda en la dedicación, trabajo y absoluta entrega que Luis ha tenido durante cuatro años, -los dos últimos como Presidente- para con la Asociación.

Es cierto que en ningún momento ha estado solo, que detrás ha habido un gran grupo en el que se ha apoyado, pero esto no resta ni un ápice a su gran logro; ha conseguido encumbrar a FOCUS a los niveles máximos de reconocimiento y aceptación de su ya larga historia.

En este tiempo se han realizado muchas, variadas e importantes actividades, que no voy a enumerar, solo traeré al recuerdo de todos, la edición del fantástico libro fotográfico “Cuando el tiempo se para”, orgullo de los que participamos en su elaboración y de cuantos llenaron sus satinadas páginas de fotografías; socios e invitados.

La Asociación tiene que saber reconocer a sus mejores socios, aquellos que se han sacrificado por el beneficio de la mayoría, robándole tiempo a su vida personal y demostrando fidelidad absoluta a unas siglas -FOCUS- que son un referente cultural desde hace 28 años en León y provincia.

Luis Canal, reunía sobradamente todas esas cualidades y se le han reconocido. Ya es flamante nuevo Socio de Honor y estoy seguro de que esta distinción acrecentará en él un mayor compromiso, si cabe, para llevar el nombre de FOCUS allá por donde vaya.

Lo celebramos como la ocasión se merecía y, espero que reflejen las fotos.

La mitad de los comensales continuamos la fiesta hasta horas intempestivas, en un establecimiento un tanto oscuro y bastante ruidoso, donde nos reconocíamos por el sistema braile, y nos hacíamos entender por el lenguaje de los signos; creo que Basty tuvo algo que ver. Pero esa es otra historia.

 

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