Sebastian-RomanA. G. Valencia. Diario de León «Lo que para una persona es basura para mí es un tesoro». Así habla Sebastián Román, el fotógrafo de la Valduerna que ha unido el concepto clásico de la imagen con la denuncia social, buscando concienciar sobre la importancia del reciclaje y el cuidado medioambiental. Pero él tira de sugerencia. No lo hace ni con eslóganes ni con fotografías al uso. Va un paso más allá y ha dado una vuelta de tuerca al arte. Román ha imaginado una ciudad en un espacio real. La Isla es el nombre del proyecto y la isla, como tal, existe, está en el Pacífico, aunque él ha inventado edificios y calles entre la selva virgen. Una urbe al más puro estilo neoyorquino pero sin salir de Castrotierra. Grandes rascacielos que a un golpe de vista no cantan, pero que al segundo el observador se da cuenta de que es tecnología reciclada. Y ahí está el quid de la cuestión.

«Las ciudades son las minas del futuro porque estamos expoliando los recursos naturales», dice Sebastián Román, cargado de razones y con una sustentada crítica, por eso pone el foco, por ejemplo, en el coltán, tan ligado a la tecnología que resulta obsoleta de un día para otro. El artista da a los residuos una segunda oportunidad, construyendo sus ciudades con chips, teclas o conectores. Todo lo que no utiliza lo reinventa.

Desde el punto de vista más estéticos todas las fotos son lo más naturales posibles. Así las define el autor, «la luz es luz natural o donde se ve agua es porque realmente hay agua». Trabaja con lo mínimo. Esa es su máxima, dando una nueva vida a los deshechos.

Se trata de la primera exposición que acoge el Museo del Chocolate desde su reinauguración. «Sebastián Román coge las raíces fundamentales de la fotografía y las lleva a un concepto actual», reconoce el director de arte y exposiciones del ILC, Luis García, que habla de las fotografías como sugerentes y atractivas. El futuro parece que ha llegado.