Treinta años a la luz de las letras

E. Gancedo. Diario de León «Tengo memoria de haber comenzado a escribir en un rincón oscurecido; aun derramando luz. En un lugar tan solitario que afuera el mundo dejaba de estar. Tendría que inventar uno sobre el papel. Allí dentro el aire quieto no movía nada y los papeles del baúl antiguo olían a otros tiempos, a otros nombres, a otros sueños». Así comienza el autorretrato, la pequeña biografía íntima que traza Elena Santiago en este libro, y así de sugerentes y evocadoras son también las demás estampas bosquejadas sobre sus propias vidas por el resto de participantes en esta obra coral.

‘Palabra, luz, materia’ es un proyecto de largo aliento e incontables horas detrás que nació en 2008, cuando el editor Héctor Escobar, el fotógrafo Amando Casado y el escultor Amancio González se pusieron como horizonte dejar constancia —cada uno desde su trinchera—, del espectacular ‘boom’ literario que llevaba un tiempo viviendo León. «Lo entendimos como un homenaje a la literatura hecha en o por gentes nacidas en esta tierra, a la presencia de los numerosos agentes leoneses relacionados con el mundo del libro con trascendencia nacional e internacional», sintetiza Escobar. Acotaron edades y números y acordaron la realización de retratos fotográficos y bustos escultóricos, y pedir a cada protagonista que escribiera una semblanza de sí mismo. Hoy mismo sale a la luz, y la próxima semana será distribuida, la primera plasmación de la idea, un muy cuidado libro nacido al amparo de la editorial Eolas.

«Entendimos que ese era el momento de empezar a hacerlo y el tiempo nos ha dado la razón: tuvimos la gran suerte de haber podido fotografiar y contar con los textos de Victoriano Crémer, Antonio Pereira, Agustín García Yebra, Concha Casado…», añade Escobar, haciendo ver que la vertiente escultórica del proyecto aún aguarda su momento. «Le hemos ofrecido los bustos al Ayuntamiento de León para que haga con ellos una especie de ruta literaria por la ciudad, pero aún no hemos recibido respuesta», indicó el editor, aunque también sugirió que explorarán la posibilidad de que cada pueblo natal o comarca vinculada de algún modo a estos autores se interese por las esculturas de Amancio González.

«Creo que estamos ante un pequeño tesorillo, ante el catálogo de unas generaciones irrepetibles en narración, poesía, crítica, etnografía… unos creadores cuya altura se percibe si advertimos el relativo silencio de épocas anteriores. Cualquiera que desee saber cómo fue el ‘boom’ literario leonés deberá acercarse a todos estos nombres», reflexionó Héctor Escobar, pero también avisó de que el proyecto no se detiene aquí y que ya maduran la idea de elaborar otro volumen dedicado a escritores más jóvenes.

«Todos se portaron magníficamente con nosotros, con una generosidad extraordinaria», destaca el editor, y recuerda con cariño la vehemencia de Crémer, el humor de Pereira, la casa de Mestre, tan repleta de objetos «que tuvimos que entrar de lado»… y la resistencia de Concha Casado a ser esculpida («¡un busto no, no lo merezco!», decía). El ‘making of’ visual del final del libro recoge algunos de esos divertidos momentos vividos en unos hogares de los que Casado y Escobar siempre salían «con muchos libros firmados».

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