Thomas Ruff. Cuando la fotografía es pintura.

Thommas-RuffPara László Moholy-Nagy la pintura consistía en el arte de darle forma al color, y la fotografía en algo así como crear formas con la utilización de la luz. Este gran maestro de la Bauhaus elaboró a partir de los años 20 del siglo pasado un amplio aparato teórico sustentando el valor de la fotografía como arte, y no solo como tecnología óptica para el registro de lo real. Ahora bien, para Moholy-Nagy debían establecerse ciertas fronteras entre pintura y fotografía. Con el tiempo se ha visto que esos límites no solo son relativos sino que cada vez se crean mayores deudas y lazos entre ambos.

Casi un siglo después, el alemán Thomas Ruff, toma como ejemplo los fotogramas elaborados por uno de los discípulos del maestro húngaro de la fotografía experimental, Arthur Siegel, como punto de partida para su serie Fotogramas (2012). Algunas de ellas forman parte de la exposición Thomas Ruff / Series, que se exhibe en la Sala Comunidad de Madrid-Alcalá 31.

En la técnica analógica del fotograma (inventada por Man Ray y Moholy-Nagy, cada uno por separado y con intenciones  distintas, en 1922) no hay un negativo que luego se positiva. Se hace una copia única sobre papel fotográfico y no se pueden cambiar las formas registradas –pequeños objetos que dejan su huella– sobre él una vez realizada la toma.

Ruff, que reflexionó largamente sobre dos fotogramas de Siegel que había comprado hace algunos años, decidió abordar a su manera un trabajo similar y a la vez radicalmente distinto. Utilizó un cuarto oscuro virtual y trabajó con la ayuda de un programa 3D, que ya había usado en su serie Ciclos, en 2008. En ese laboratorio colocó un papel digital, sobre él diversos objetos de distintas formas y una cámara fija por encima de ello. Se añadió color por medio de luces. Al final se imprime la imagen conseguida

El resultado, copiado a una amplia escala -como buena parte de la obra de Ruff— trae a la mente cierta composición pictórica abstracta, constructivista  y contemporánea, de gran impacto y belleza. Evocadora de los antiguos fotogramas, pero con una nueva identidad.

En la exposición hay también unos trabajos de la serie Ciclos (Zycles), de impresión de tinta sobre lienzo. Están inspiradas en gráficos de ondas electromagnéticas. Son dibujos generados por ordenador que surgen a partir de fórmulas matemáticas. ¿Por qué los presenta como pintura sobre lienzo, como un cuadro, una pintura?

Si en el siglo XIX el descubrimiento del proceso fotográfico dio un golpe mortal a la primacía de la pintura, que –afortunadamente- se vio obligada a explorar derroteros distintos, en el XXI la relación entre estas dos artes sigue siendo endogámica.  Se retroalimentan y forman en ocasiones el mismo cuerpo. No hay límites entre una y otra, hay Historia. Y Ruff es un artista de género. Retrato y paisaje tienen un lugar relevante en su creación. Thomas Ruff no inventa. Se recrea y da giros distintos a imágenes existentes.  A veces es acrobacia creativa y otras piruetas menos convincentes.

La exposición se completa con muestras de ejemplos de otras series, algunas ya vistas en exposiciones en la galería madrileña del fotógrafo alemán, Helga de Alvear, como JPEGS y m.a.r.t.e.  Estas últimas requieren de gafas 3D que consiguen un efecto de volumen cambiante, casi cinético (cambia a medida que el espectador se desplaza delante de ella), de la superficie del planeta vecino.

Ruff ha manifestado en ocasiones su rechazo a la idea de autor y la idealización de la obra única. También señala el falso concepto de realidad creado por la fotografía. Todo es manipulación. La muestra, comisariada por José Manuel Costa y Lorena Martínez de Corral es, en todo caso, una excelente oportunidad de someterse al influjo de esa poderosas imágenes. Vengan de donde vengan.

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