Alberto García-Alix: la evolución del hombre y el fotógrafo

Garcia-Alix_Autorretratos_7Iván Sánchez. Barcelona. Muchas de las fotografías de Alberto García-Alix tienen como sujeto principal su propia vida. A modo de autobiografía, el Palau de La Virreina acoge la primera gran muestra del fotógrafo leonés que puede verse en Barcelona. Lejos de tratarse de un diario, la colección se entiende más como una serie de confesiones del autor consigo mismo y con el espectador, que juega un papel importante en la interpretación de las mismas.

“Todo lo que dice la Wikipedia sobre mí es mentira”, afirmaba contundente Alberto García-Alix hace poco más de un mes durante la presentación a los medios de la que es su primera exposición en Barcelona. “Yo no fui el fotógrafo de la Movida [madrileña de los años setenta y ochenta], yo fui parte de ella. Ya me habría gustado ser consciente de que era fotógrafo en ese momento”, remataba.

Con estas palabras trataba de expresar García-Alix que lo primero es su propia vida y después está la fotografía, un proceso secundario que le permite explicar su entorno más inmediato. Y a sí mismo. Precisamente en eso consiste la muestra “Alberto García-Alix. Autorretrato”: un documento en imágenes que permite conocer la evolución de la vida y el discurso fotográfico de este autor.

Para entender este trabajo autobiográfico hay que saber cuáles son sus motivaciones. El porqué de este ejercicio de documentación de la propia experiencia vital de García-Alix deja de lado el egocentrismo que en un principio pudiera aparentar. “Lo que busco en un retrato es verme para poderme comprender”, se sinceraba el autor ante QUESABESDE.COM, que admite asimismo que el acto fotográfico tiene un componente de intencionalidad malvada, un cierto instinto depredador.

La muestra evidencia que el concepto que tiene García-Alix del retrato es muy amplio. Además de las tomas más comunes dentro de la disciplina, añade sombras, desenfoques, juegos de luces, habitaciones, calles y callejones, seres cercanos, objetos personales, motocicletas, amantes, sus propios genitales y planos más cercanos o alejados de sí mismo.

Y es en la distancia de estos planos que la exposición revela su evolución fotográfica y personal, desde el plano más abierto a uno más cerrado. En los autorretratos de juventud su presencia domina el espacio de la misma forma que su figura se convierte en el “punctum” de Barthes para dominar la fotografía. Con el paso de los años se aprecia una creciente querencia por el plano corto, más íntimo, sugestivo e introspectivo, propio de una madurez personal y profesional.

Aunque de forma particularmente escueta, y con una intensa mirada con la que parecía preguntar más que responder, García-Alix habló de muchas cosas durante la presentación de esta exposición. Pero hizo especial hincapié en el miedo que siente y que puede interpretarse en sus fotografías (y que transmite de forma intensa al posar para nuestra cámara en la entrada del Palau de La Virreina).

“El miedo es algo íntimo y humano, todos tenemos miedo desde que nacemos. Yo tengo miedo del exterior, pero también me tengo miedo a mí mismo”, afirma. “Ansiedad” es uno de los retratos que expresa esa sensación de miedo que nace de su interior. De la libre interpretación a la que apela el propio artista se puede interpretar ese temor en títulos tan sugerentes como “Un instante de eterno silencio” y “Con estrella”, todos ellos primeros planos. Otros como “De donde no se vuelve” dan una idea de la procedencia de sus miedos exteriores.

Pero no todo es negativo. Cuando le preguntamos por la importancia de la moto en su vida (otro referente en sus autorretratos) le cambia la cara y responde sin vacilar: “Alegría de vivir. La moto para mí es una gran ilusión.”

Además, en el mundo creado por García-Alix existe la belleza de lo no bello: “Busco belleza visual en todo aquello que fotografío. Creo que todo se puede fotografiar con algo de belleza. No hace mucho, en una morgue, me enseñaron el cadáver de una mujer con 18 puñaladas. Aquello no era bonito, pero la fotografié con una luz y un encuadre que mostrasen belleza”

Las 76 fotografías en gran formato que componen “Alberto García-Alix. Autorretrato” podrán verse en Barcelona hasta el próximo 5 de mayo. En riguroso blanco y negro y disparadas en película, García-Alix afirma que el haluro de plata le permite mostrar las imágenes con muchos menos artificios, de forma más directa. Paralelamente a la exposición, La Fábrica ha editado un libro de título homónimo que amplía a 200 las imágenes del trabajo autobiográfico del fotógrafo leonés.

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