Quito-INEDITOEl País / Las imágenes que Quito ha exportado muchas veces se reducen al casco antiguo, a los volcanes que la rodean, a las comunidades indígenas que transitan por la urbe. Este registro documental y exótico, que se mantiene en muchas ciudades de Latinoamérica, ha sido desmontado por el proyecto fotográfico FLUZ (Fotografía y Luz), de la Secretaría de Cultura de Quito, que propone hacer un recorrido visual contemporáneo por nuevas facetas de la capital ecuatoriana.

Para este fin unió a fotógrafos internacionales y locales y el resultado de hurgar durante ocho meses en la ciudad es una megaexposición, que se puede ver desde el miércoles pasado hasta el 25 de febrero de 2016, con más de 500 fotografías de más de un centenar de artistas, que muestra otra cara de Quito. “La gente no piensa acerca de quiénes somos, cómo nos comportamos, de nuestra diversidad cultural, sexual…”, dice Pablo Corral, secretario de Cultura. “Ya no alcanzamos en el concepto tradicional de ciudad conservadora y española, el Quito moderno es una ciudad dinámica con mil influencias distintas”.

En FLUZ hay imágenes inusuales como el cielo de la ciudad que forma una paleta de colores según la hora del día, los interiores de un barrio del centro histórico que se quedó fuera del espacio museístico de la ciudad, el estilo de vida de la clase más acomodada. También hay imágenes de las personas comunes y sus momentos de ocio y de trabajo, y otras que remueven más a las capas conservadoras de la sociedad porque hacen visible la homosexualidad y la violencia de género. El curador del proyecto, el español Claudí Carreras, habla del aporte que han hecho los fotógrafos invitados. “Creo que es bueno generar una mirada diferente con autores que vienen frescos y sin conocer la realidad quiteña y que trabajan conjuntamente con los artistas locales”.

Entre los visitantes, el español Ricardo Cases, el brasileño Iatã Cannabrava y el estadounidense Stephen Ferry, que compartieron su forma de trabajar con los artistas locales. También llegaron los artistas visuales de moda como la española Cristina de Middel y el argentino Marcos López, que incluyen la ficción y el montaje teatral en sus trabajos documentales. Ellos se enfocaron en las tribus urbanas y las creencias y costumbres de los quiteños. “La muestra es lo que ves en la calle, es una aproximación muy real a Quito”, dice el guatemalteco Juan Brenner, que vino a montar la exposición y que antes de pisar Ecuador solo había visto fotos de la ciudad colonial. “Yo tengo un ojo más contemporáneo, que se aproxima a una fotografía documental más avant garde. Quito es una ciudad colonial divina, pero ya está bien”.

La exposición es un montaje inédito en Quito, que ocupa buena parte de los 13.000 metros cuadrados del Centro Cultural Metropolitano, un edificio patrimonial que acogió la primera universidad pública, la primera biblioteca, el Cuartel Real de Lima, el observatorio o la Casa de la Moneda. Hay fotografías impresas sobre telas gigantes que cubren los patios, sobre bastidores que llenan las fachadas, en cubos gigantes que penden de los techos, en un montaje similar al de exposiciones como ECO, el encuentro entre colectivos fotográficos de Latinoamérica y España.

Este ejercicio, que ha costado 400.000 dólares y ha incluido ocho talleres con los fotógrafos invitados y algunas exposiciones previas, no será el primero. El secretario de Cultura, fotógrafo profesional, dice que empezó por la imagen por ser materia conocida para él, pero que habrá diálogos creativos con otras artes. “Nos interesa generar obra, convertirnos en constructores de identidad”, dice, y añade que “la idea es que estos diálogos generen proyectos nuevos que ocupen espacios públicos y nos permitan reflexionar sobre quiénes somos”. El anhelo de Corral es vincular la agenda social a la artística, que los artistas trabajen en temas importantes para la sociedad. “Los artistas imaginamos las cosas de una manera más intuitiva, con más impacto”, concluye.