MasatsEl País / Un visionario adelantado a su tiempo, esa es la descripción que mejor define a Ramón Masats (Caldas de Montbui, Barcelona 1931). El fotógrafo, que revolucionó la mirada de la fotografía en los reportajes de los años cincuenta y sesenta, no acudió a ninguna escuela que le sirviese de guía. Este verano, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en colaboración con el Ayuntamiento de Santander a través de Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS) y Blanca Berlín Galería expone al público hasta el 4 de septiembre una selección de 23 fotografías, algunas de ellas inéditas.Las ganas de romper con los cánones que venían del clasicismo pictórico y la idea de probarse como profesional fueron las causas por las que Masats, premio Nacional de Fotografía en 2004, decidió viajar a Pamplona para inmortalizar los sanfermines de forma diferente. “Cuando regresó a Madrid esas fotografías tan especiales, casi todas verticales contradiciendo las normas establecidas del rectángulo fotográfico, causaron sorpresa y admiración. Un hecho que le procuró trabajo en varias revistas”, asegura Chema Conesa, fotógrafo y comisario de la exposición que se muestra estos días.

A partir de entonces, Masats viajó por toda España recopilando imágenes sobre lo que él consideraba los tópicos de la cultura española, como la religión, las fiestas populares, o los toros. Pero siempre con una visión distinta, alejado de las normas que imponía la fotografía de salón. Conesa, discípulo y amigo del artista, explica que el estilo del premio nacional tiene un lenguaje propio. “En las fotografías de Masats se aprecia ese riesgo, el ejercicio de tomar una imagen en la calle y encuadrarla de forma diferente. Introduce la geometría en el visor”, añade el editor.

El punto, la línea y la sencillez

La exposición, que lleva por título Masats, el punto y la línea, es un homenaje a un profesional que nunca ha querido pontificar ni analizar la fotografía. “Ramón es un fotógrafo sensato, tomó estas imágenes porque le parecieron bien y porque en ese momento estaba buscando su propio medio. No le preocupaba cómo iban a ser valoradas después. Y tampoco le gusta dar charlas teóricas, él defiende la fotografía entendida como un golpe, un impulso”, explica el comisario.

Muchas de las imágenes que se exhiben en Santander habían sido consideradas por Masats como pruebas carentes de interés. Inéditas hasta ahora, en algunas de ellas se pueden ver sus dedos, fallos de revelado o algún cabello desprendido de su cabeza. Detalles que sin duda hacen la visita más especial, y que ahora se pueden observar gracias a la intuición femenina de su mujer, Paloma, quien decidió guardar estas fotos desoyendo a su marido.

Las fotografías de esta colección pueden clasificarse como instantáneas neorrealistas, que tienen su mirada en lo documental y lo social. “Mi objetivo como comisario ha sido conjuntar estas imágenes de forma que se complementen las unas con las otras. El visitante es el que debe, a través de su mirada, sacar sus propias conclusiones”, matiza Conesa.