Chema-YesteEl Mundo / Exceptuando la reciente Vogue: like a painting en el Thyssen de Madrid, los museos españoles siguen siendo reacios a albergar la fotografía de moda entre sus paredes. Algo que aspira a remediar el Museu del Disseny de Barcelona(el DHUB), que estrena «la primera colección pública de fotografía de moda» según su directora, Pilar Vélez, con 464 imágenes fruto de donaciones. Para celebrarlo, una exposición reúne a partir de hoy y hasta el próximo 27 de marzo 160 imágenes de moda de 38 fotógrafos españoles, con piezas de Antoni Bernad, Manuel Outumuro, Javier Vallhonrat, Oriol Maspons, Leopoldo Pomés, Eugenio Recuenco o José Manuel Ferrater.

Distinción. Un siglo de fotografía de moda recorre el camino que separa las gelatinas de plata sobre papel baritado de Pere Casas Abarca de principios del siglo XX con los trabajos de fotógrafos de renombre internacional como Txema Yeste (responsable de campañas para Yves Saint Laurent o Armani) o Daniel Riera (Dior). El título de la exposición, comisariada por Juan Naranjo, alude a «la elegancia, un concepto que siempre ha estado vinculado a la moda y a lo diferente, aquello que se escapa».

Y es que una de las teorías del comisario es que la fotografía de moda es un género que siempre ha estado «conectado con las corrientes vanguardistas del siglo XX» y con la modernidad. Y sólo hace falta echar un vistazo a las imágenes para comprobar que eso es cierto en buena medida: ahí están las interesantes mujeres de Casas Abarca (el que fuera diseñador gráfico de la revista Mercurio), que posan fumando y escribiendo en 1902. O las elegantes musas enfundadas en trajes de alta costura de Juan Gyenes, que parecen sacadas de un estudio de Hollywood, más que del Madrid de los 50. «España era por entonces una autarquía y aunque la pobreza no afectó a la élite más reaccionaria, las imágenes no son nada casposas: retratan a una mujer festiva, no sumisa».

La chispa de modernidad se hace especialmente patente en los trabajos de dos clásicos, Maspons y Pomés, que en los 50 y los 60 cambiaron los interiores por los exteriores y el estatismo por el movimiento, influidos por el neorrealismo italiano «y el impacto de la película West Side Story», detalla Naranjo.

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Más allá del universo pop de Tuset Street, lo realmente innovador de la exposición es la inclusión de nombres como los de Daniel Riera o Txema Yeste. Puede que todavía no sean muy conocidos por el gran público, pero lo internacional de sus carreras y la potencia de sus imágenes certifica su talento. Si el París del New Look fue el espejo en el que muchos fotógrafos españoles se miraron en los 40 y 50, Nueva York es la ciudad que protagoniza muchas de las imágenes tomadas en los 90, con sus rascacielos, el asfalto y la multiculturalidad como temas recurrentes. De esa época bebe también la fotografía que apela a la identidad (en todas sus ramificaciones: sexo, edad, raza, religión) y la que vuelve al paisaje, influida por el ecologismo, que acababa de nacer: de ahí las modelos inmortalizadas en plena naturaleza, a veces en paisajes desérticos, apocalípticos y agrestes.

¿Qué debe tener una buena foto de moda? Carles Ferrater afirma que «hay muchos factores, como la luz». «Aunque para mí es vital que la modelo no parezca tontaina, ni una muñeca ni una marioneta. Debe tener una mirada sensible, culta». Para Ferrater, el dar con la instantánea perfecta tiene que ver con el «impulso», más que con un concepto. «Te tienes que dejar ir. Ahora estamos demasiado obsesionados con la tecnología. Yo disparaba con cámaras pequeñas y las cambiaba todo el rato, hacía correr y saltar a las modelos… Siempre vi la fotografía como un trabajo, no como una expresión de arte. Ahora que pinto y escribo poesía sí que me siento artista. Pero como fotógrafo, nunca». «Todos hemos emulado en algún momento a los maestros que nos han precedido», confiesa Toni Bernad. «Cuando nosotros empezamos no había escuelas. Lo aprendimos todo de las revistas». Y de la revista, al museo.