Esculpir-una-fotoEl Mundo / Hace un par de años, el artista Bernardí Roig (Palma de Mallorca, 1965) se despistó de sí mismo. La barba le creció hasta medio pecho, el pelo tomó modales de tempestad y así marchó a Senegal, a caminar por las crestas de las dunas del desierto y grabar ‘Poets’, un vídeo que expuso el año pasado en el espacio de la galería Kewenig en Mallorca. Aquel trabajo reflexiona sobre «la voz que clama en el vacío» siguiendo el mediometraje de Buñuel, ‘Simón del desierto’. «Quería tomar el temblor y la extrañeza de aquel hombre que habla en lo alto de una columna de 20 metros y al que nadie escucha, como hoy no se escucha a los poetas», dice Roig.

En aquel vídeo, el artista aparecía con una túnica ajada con un lema grafiado: «Poet». De ahí surgió el calambre inicial del proyecto que ahora presenta en la galería Max Estrella de Madrid, dentro del programa de PHotoEspaña. Una exposición de escultura sin esculturas. O, al menos, sin el soporte tridimensional que reconocemos como escultura. En esta ocasión, Bernardí Roig ha tomado la fotografía instantánea como médium. A 99 hombres como modelos. Todos ataviados con la misma túnica que él llevó en su exploración por las dunas. Y cada uno con el aire desmadejado, casi dañado, de quien se expone al objetivo de una cámara de los años 20 sin más artificio que su rostro y sin otra verdad que su intemperie. El próximo día 30 de mayo el artista mallorquín revelará por entero la intensidad de su nuevo trabajo.

«Esta aventura comenzó retratando a mis seres más próximos y desde esa intimidad se fue abriendo a gentes que, de un modo u otro, han tenido que ver con mi obra», explica. Coleccionistas, directores de museo, escritores, críticos de arte, periodistas, marchantes, banqueros… Un zoo humano disperso, pero en este caso igualado por la base. Con una túnica blanca y una iluminación indirecta todos pudieran ser todos y ninguno es nadie. «Los escogidos se pusieron ante la cámara un solo segundo y para un solo disparo. Así que no existe posibilidad de retoque. Todos tienen aspecto desahuciado para intentar despojarlos de su identidad construida por su rol social», sostiene Roig.

En ninguno hay mueca, pues las muecas también son máscaras. En estas instantáneas, como afirmaba el poeta Vicente Gerbasi, «el hombre es un secreto guardado por las horas». El artista hurga en el reverso del rostro, igual que la poesía es una expedición por el reverso de las palabras. «Las fotografías instantáneas son tiempo encapsulado. Se modifican constantemente con la luz», apunta el artista. «Y el resultado es muy escultórico. La foto es finalmente un espejo y, como los espejos, un lugar sin garantías». Hay algo de principio democrático en este trabajo. Todos están fijados como si fuesen la apariencia imaginaria del primer hombre. La representación desnuda del tiempo haciendo surco en unos rostros tan distintos que tienen por delante el mismo desperfecto.