14077028510851   El Mundo, Laura Cruz

Una iconografía propia llena de simbolismo, melancolía y misterio, donde los verdaderos protagonistas son la luz, el encuadre, la expresión y el enfoque. Estos son algunos rasgos que describen la fotografía de Joan Vilatobà (Sabadell, 1878-1954). Considerado uno de los pioneros del pictorialismo en España, la calidad de su trabajo ha sido reconocida por los especialistas, aunque ha pasado desapercibida para el gran público.

Hasta el 21 de septiembre, PHotoEspaña le dedica un espacio en el Museo del Romanticismo (c/San Mateo, 13), comisariado por Josep Casamartina i Parassols. Un pequeño espacio que recoge en 30 obras lo mejor de su producción durante la primera década del siglo XX.

En ese momento, la fotografía buscaba su reconocimiento como arte, no sólo como técnica. Reivindicación a la que se suma Vilatobà. Para él, la fotografía no era sólo captar el momento. Sus obras no son fruto de la casualidad, sino más bien lo contrario. Ejemplo de ello son sus cuidadas y estudiadas composiciones: pliegues de telas, neblinas irreales, acabados que parecen dibujos a carboncillo. El disparo sólo es el principio. El negativo, su boceto. Y el trabajo que realiza en el positivo será su auténtica labor creativa. Serán las técnicas de revelado en carbón y en papeles de gran tamaño sus señas de identidad.

Comenzó su carrera como pintor, pero pronto se decantaría por la fotografía artística. En 1898 huyó a Francia para evitar participar en la Guerra de Marruecos, en París sobrevivió retocando retratos y años más tarde viajó a Alemania. A su regreso a Sabadell, en 1903, abrió un estudio propio con el que pronto alcanzaría fama y premios a nivel nacional. Su obra se centró en tres temas: paisajes, figuras y composiciones.

El Círculo de Bellas Artes le concedió la oportunidad de exponer sus obras más representativas en 1919. Muestra que tuvo una enorme repercusión y dio lugar a excelentes críticas.

El rey Alfonso XIII compró alguna de sus obras, incluso, le encargó un retrato oficial y el de su prometida Victoria de Battenberg. Sin embargo, Vilatobà no ha tenido la difusión que sí tuvieron, por ejemplo, sus coetáneos Josep Masana u Ortiz Echagüe. Su fama apenas traspasó las fronteras de su ciudad natal.

De la fotografía a la docencia

Con la irrupción de las primeras vanguardias y la fidelidad a su estilo, Vilatobà decidió dejar definitivamente la fotografía y dedicarse a la docencia en la Escuela Industrial de Sabadell. Afortunadamente, se conservan casi 2000 placas de vidrio en el Archivo Histórico de Sabadell, así como fotografías al carbón, plata y platino, cedidas por sus descendientes.

«En cuanto se sabe algo del mundo, debemos alejarnos de él para que nos reemplacen los inexperimentados». Es la reflexión que Vilatobà nos regala al pie de uno de sus cuadros, Meditación. Una de sus composiciones con personajes arquetípicos, en este caso el anciano solitario. Probablemente, lo que sentía personalmente el autor en sus últimos años de producción artística.

El Museo del Romanticismo nos acerca al fotógrafo catalán en esta exposición temporal. Se puede visitar de martes a sábado (09.30 a 20.30 h.), domingos y festivos (10.00 a 15.00 h.) y la entrada es gratuita.

Con motivo del 90º aniversario del museo, este año habrá también una exposición fotográfica para enseñar a los visitantes las transformaciones que ha ido experimentando el mismo.

Además se puede disfrutar del Café del Jardín, un patio interior, un espacio acogedor y fresco. Abierto de martes a sábado (09.30 a 20.30 h.), domingos (10.00 a 15.00 h.) y con un horario especial los jueves hasta las 23.30. Este día la oferta gastronómica se completa con una cita musical (gardenDJ de la mano de Martín Milone y Tupperdisc) y una cata de vinos que ofrece Bodegas Bovial.