joan-fontcubertaEl Comercio / El nombre de Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) traspasa fronteras, no solo porque sea el único español reconocido con el Premio Hasselblad -algo así como el Nobel de la Fotografía- o porque su trabajo persiga la mentira de las imágenes. Su trayectoria y su particular visión de la vida miran ahora hacia Asturias. No solo porque esta mañana será el encargado de poner el broche de oro a las conferencias de Motiva 2015 en Oviedo. También porque será su objetivo el que durante los próximos meses capte la región, para ser en 2016 el protagonsita de la cuarta edición de ‘Miradas de Asturias’, el programa que impulsa la Fundación María Cristina Masaveu Peterson y en el que le han precedido García Alix, Ballester y Ouka Lele.

Usted defiende que la fotografía es una mentira que se presenta como real. ¿En qué momento una instantánea se convierte en mentira?

Toda imagen es una trampa porque suplanta a la realidad, siendo solo una representación de ésta. La mentira es un dispositivo impresdindible para la vida, pero cuidado, porque no debemos confundirlo con la vida misma. Yo me adscribo a la filosofía de la sospecha.

Uno de los objetivos de sus obras es poner en duda la verdad. ¿Por qué?

La verdad es un mito y como todos es ilusorio e inexistene. Lo que sí existen son puntos de vista, pero lo que yo hago es interpretar la realidad y mi visión no tiene por qué coincidir con la de otra persona. Las verdades no son más que formas autoritarias de interpretación y mi trabajo como artista no es engañar, sino dar los instrumentos para que desactiven su predisposición.

¿No podemos creer entonces en las imágenes?

Se puede creer en cualquier cosa, creer en Dios no hace que exista. La fotografía es una manera de negociar con lo real y de mostrar cierto modelo de realidad.

Es habitual cuando hablamos de fotografía y engaño pensar en el photoshop. ¿Qué opina de este recurso?

El Photoshop cumple 25 años, y los medios se hacen eco de cómo ha cambiado a la profesión; pero desde mi perspectiva, de cuatro décadas, lo que ha hecho no es más que facilitar y abaratar una serie de procedimientos que la profesión ya tenía. Photoshop es importante no tanto por lo que puede hacer, sino porque ha ayudado a que el público sepa que se puede hacer. No debemos entenderlo como algo contraproducente.

¿El público entiende la fotografía?

Yo ahora suelo hablar del Homo Photographicus, la etapa en la que todos somos productores de imágenes. Esta avalancha, que no se corresponde con una educación o un sentido crítico, hace que manejemos las imágenes pero no entendamos su impacto. La profesión se disuelve en la imagen, por eso propongo hablar de ‘postfotografía’, la idea de relacionar la imagen con un vocabulario de comunicación y construcción de la realidad. No entenderíamos nuestra existencia sin las fotos.

¿Qué repercusión tiene esta proliferación de fotógrafos?

En el siglo XXI se ha banalizado la imagen. Gastamos más tiempo en producir, que en ver; la fotografía ya no se asocia con la notoriedad de un hecho, sino que se incrusta en la realidad; y se han perdido las etapas del proceso fotográfico, que ahora están colapsadas. El mérito profesional ahora no está en fabricar imágenes, sino en hacer que el público reflexione sobre ellas.

¿Disfrutamos de libertad de expresión?

Está coartada por un sistema restringido. Nunca hay libertad absoluta, pero no podemos comparar la situación actual con la época de los totalitarismos. El papel del artista es resistir al control.

Hechos como los ocurridos en el semanario ‘Charlie Hebdo’ con viñetas podrían repetirse por instantáneas. ¿Cómo actuar con miedo?

No hay que tener miedo. Hay que entender que la imagen es un elemento de comunicación y por tanto, un arma, por lo que debemos ser conscientes de su impacto social.

Entonces, ¿qué es más peligrosa la censura o la autocensura?

Son igual de malas. Soy optimista y prefiero tomar la globalización como una ventaja, como unos altavoces tremendos.

Siempre se dice que las épocas de crisis agudizan el ingenio del artista, ¿es verdad?

Primero debemos definir qué entendemos por arte, es decir, si lo reducimos a mera decoración y mercancia o valoramos más las ideas. Yo antepongo el pensamiento visual, las propuestas que renuevan nuestra sensibilidad y, aquí, las crisis externas no influyen.

Usted es el único español con un Premio Hasselblad y uno de los grandes nombres del país en el campo de la fotografía. ¿Qué le falta a España para ser una potencia en esta disciplina?

A España no le falta nada, el problema es que no valoramos lo que tenemos. Hay jóvenes ganando premios, una producción de libros aclamada internacionalmente… Faltan políticas de difusión, pedagogía e infraestructuras que realcen los valores, pero si fuéramos franceses o alemanes seríamos los reyes del mambo.

Rajoy acababa de anunciar que de momento no rebajará el IVA cultural…

El problema es Rajoy, que piensa que la cultura es de izquierdas y que hay que frenarla. La realidad es que los derechos de autor por actividades culturales suponen el 5% del PIB, más que el automóvil… Que no se apoye es pura ignorancia.

Cerrará hoy Motiva, ¿y después?

Pues mis viajes a la zona serán habituales porque estoy preparando la muestra ‘Miradas de Asturias’ del próximo año. No tengo aún un camino fijado, pero me gustaría trabajar en una Asturias de gente inteligente que vive en la contemporaneidad, y no solo de minas, gaitas y sidra. Quiero retratar el cambio de modelo, que donde antes había una mina ahora hay un museo de la mina, algo así como un efecto Guggenheim descentralizado que se extiende por todo el Principado.